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La lucha del feminismo en México
A lo largo del siglo XX y XXI, mujeres mexicanas alzaron la voz, consiguiendo avances significativos en igualdad de género, desde la obtención del sufragio en 1953, hasta las recientes reformas que garantizan la paridad de género en todos los niveles de gobierno.
La lucha feminista en México comenzó a organizarse formalmente a principios del siglo XX, cuando mujeres como Hermila Galindo y Elvia Carrillo Puerto defendieron derechos laborales, educativos y políticos. Fue en 1953 cuando se dio uno de los primeros grandes logros: el reconocimiento del derecho al voto femenino, permitiendo que las mexicanas participaran en elecciones a nivel nacional.
Décadas más tarde, el feminismo tomó fuerza en los años setenta con la segunda ola, que trajo consigo demandas como la despenalización del aborto y el acceso a anticonceptivos. En esta etapa, el feminismo se convirtió en un movimiento diverso, integrando perspectivas indígenas, urbanas y de clase trabajadora.
En los años noventa, surgieron colectivos feministas que comenzaron a visibilizar la violencia de género, obteniendo que el término feminicidio se incluyera en el Código Penal. Este avance se consolidó en 2007 con la promulgación de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, una legislación pionera en América Latina.
Más recientemente, en 2019, se aprobó la reforma constitucional conocida como “paridad en todo,” que garantiza que las mujeres ocupen el 50% de los cargos en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
Además, las movilizaciones feministas lograron cambios culturales significativos, como la normalización de las denuncias de violencia en redes sociales, el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos, y la reciente despenalización del aborto en todo el país.
El feminismo en México es un movimiento en constante evolución, no solo para obtener derechos, sino que también para transformar la forma en que la sociedad percibe a las mujeres. Aunque los desafíos persisten, los logros alcanzados son testimonio de que la lucha organizada tiene el poder de cambiar la historia.
El privilegio delgado
Opinión
Para las personas delgadas es fácil creer que si uno es delgado: todo el mundo puede serlo; omiten pensar en la genética y en la diversidad de los cuerpos, se estancan en la limitada idea de que es cosa de esfuerzo y disciplina, de ejercicio y una "correcta" alimentación, pero ¿Es en verdad correcta? o ¿Sólo están cegados bajo falsas creencias alrededor de los cuerpos, de la salud y la alimentación?
Vivimos en el siglo XXI y los estándares de belleza son absurdos. Relacionar la gordura con enfermedad, lo es aún más. Hay tantas personas avergonzadas de su aspecto y tan pocas avergonzadas de su mente, de sus acciones, del odio que fomentan. En la agenda feminista y en la agenda de justicia social es importante hablar de gordofobia.
A nivel nacional el 20.2% de la población de 18 años o más, declaró haber sido discriminada en el año 2017. Los motivos principales fueron por la forma de vestir o el arreglo personal, el peso o estatura, la edad y las creencias religiosas. En cuanto al cómo y el porqué de la discriminación se obtuvo por respuesta en primer lugar el sobrepeso, con 10.7%
La gordofobia es un sistema de opresión igual de violento que el racismo, el sexismo y la homofobia. Miles de individuos a lo largo del año, se obsesionan con su imagen y erróneamente se enfocan en kilos. Por adelgazar, una persona es capaz de recurrir a dietas estrictas y hacer ejercicio masivo hasta generarse desórdenes alimenticios, atracones y culpas, evidenciando sus "errores" por "falta de voluntad".
Lo que las personas no toman en cuenta, es que las dietas las están matando, si éstas funcionaran, bastaría con hacer una en la vida. Romper la dieta es un acto de autocuidado, nadie puede pasar la vida comiendo menos de lo que su cuerpo requiere solo por alcanzar su aspecto "ideal".
Vivimos en una cultura que nos ha hecho creer, sobre todo a las mujeres, que aumentar en la talla del pantalón, es sinónimo de fracaso, en cierto punto, incluso perdemos tiempo mirándonos al espejo, criticando nuestro propio ser, y auto opacando el resto de nuestras cualidades sólo por nuestra apariencia. Los cuerpos cambian y se tiene rechazo a la simple idea.
Los números en la báscula no hablan de la salud de nadie. El peso no debería ser un indicador de salud, mucho menos de capacidades, belleza, éxitos o privilegios; nadie puede definir la vida o hábitos de un individuo con sólo mirar su cuerpo. Todo lo que incomoda a las personas al mirar a una persona gorda, es fruto de sus prejuicios.
Si todo el mundo estuviera dispuesto a mejorar verdaderamente su salud, podría hacerlo sin tener que pesarse. Dejar de fumar, salir a caminar, atenderse psicológicamente, e incluso dormir, marcarían una diferencia real en la vida y hábitos de cualquier persona.
Por: Guadalupe Mendoza Paulino

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